¿Me coloco el sayo o no es para mí?

Si me saco el saco, ¿me pongo el pongo?

Expresiones populares que me hacen pensar.

Lector 1: No lo dude, cosa el sayo a sus calzones.

Lector 2: Siempre son para usted, son todos a sus medidas.

El autor: Capullos, no es tan simple la cuestión.

Hice cosas en mi vida que hubieran debido ofrecérmelos y eso hubiera sido justo, pero no lo hicieron y no pude cargar y pagar por lo que merecía.

Y me han ofrecido otros y que no debía ser yo el destinatario.

El problema que veo, es cuando no está claro quien o quienes son los destinatarios de tal o cual sayo.

Los que ofrecen el sayo y no aclaran nada, cada uno sabrá porque lo hace.

¿Se querrán sacar un sayo que se pusieron porque sintieron que se lo merecían y luego se arrepintieron?

Típico de los que les quieren cargar las tintas a otros.  

Son como sayos movidos por el viento, esperando que algún desprevenido o alguien con culpas no pagadas cargue con el.

No es mi caso, no me sirve querer ponerme sayos que no me caben, para compensar por otros que sin duda hubieran sido de mis medidas.

Aclaración: En la frase, ¨no me sirve ponerme sayos que no me caben¨, originalmente escribí, ¨no me sirve ponerme sayos que no me quepan¨.

Es muy complicada la conjugación del verbo caber y me siembra dudas muchas veces, y no soy un purista del idioma, pero trato de cuidarme y cuidarlo un poco, al menos.

Yo lo hablo en Argentino, con el vos y sus consecuencias y me atengo a ellas.

Les paso un viejo relato que publiqué hace mucho tiempo y siempre me saca una sonrisa.

Complicaciones del idioma

El suboficial preguntó –¿Soldado porque no está en la cueva como se le ordenó a todos?—
–Porque no cavo– respondió el soldado.

–QUEPO, se dice QUEPO, ¿entendió?– y se fue el suboficial.

Apareció otro suboficial y le ordena –tráigame ese casco soldado–
–Lo que ordene, mi Quepo–

–¿Que le pasa idiota?, se dice Cabo, Cabo, ¿entendió?– y se fue.

Llegó otro suboficial y mirando al soldado, le grita:
–¡¡¡Debería estar en la cueva soldado!!!—

El soldado muy nervioso ya, tartamudeando y con los ojos como el 2 de oro, responde:
–Es que no cavo—

El superior mirándolo con cara asombrada le grita,

–¡¡¡SE DICE QUEPO!!!–

Repita conmigo: QUEPO, QUEPO– y se va puteando, que bruto dios mío.

–¿Soldado, hizo lo que le ordené?– preguntó otro suboficial que apareció.

–¿Siguió al cocinero para ver adonde va todos los días después del almuerzo?—

–Si me Quepo, se va a su casa y se acuesta con su mujer— 
–Se dice: CABO, IDIOTA–

–Repita conmigo: CABO, CABO–

–¿Que costumbre rara la del cocinero?, ¿tanto apuro tiene, no podrá esperar hasta la noche?–

Le comentó en voz alta el suboficial al soldado, después que paró de putearlo.

–¿Mi cabo me permite tutearlo?– preguntó el soldado.

–No sea impertinente– respondió el suboficial y se fue.

Otro soldado compañero le pregunta, –¿Qué le hubieras dicho tuteándolo?

Le hubiera dicho a él: –el cocinero se va a TU casa y se acuesta con TU mujer–

¨rubenardosain.wordpress.com¨

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