Hablemos de la Sanata, sin Sanata

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La Sanata, es una forma de decir, pero que no resulta comprensible para los destinatarios, pese a que se utilizan algunas palabras que si son comprensibles, aunque no todas, agregándole murmullos incomprensibles.

No encontré mucho por ahora, pero les adelanto algo. https://youtu.be/cyXcwNkQjSA

Este es el secreto de la ¨Sanata¨.

Un, ya fallecido y muy querido actor argentino, Fidel Pintos, fue su gran creador allá por la década del 30 del siglo pasado.

Su método consistía en monologar con murmullos y palabras inconexas y sin sentido, pero manteniendo la postura y dando la apariencia de que se trata de pensamientos profundos y coherentes.

Por extensión, el término se incorporó al Lunfardo (argot porteño) para denominar toda forma de hablar confusa e incomprensible, en la que se expone un argumento sin sentido ni ideas claras; una manera de hablar sin decir nada, pero con el fin de que el interlocutor piense que se ha dicho algo.

En filosofía, a pesar de que algunos filósofos lo nieguen, esto se conoce como Sofisma, una Sanata Haigh class. Cosa muy usada en política.

Sin embargo no toda la Sanata es igual, por lo menos como la que yo escuchaba siendo pibe de los muchachones que paraban en un bar de la esquina de la Av. Federico Lacroze y Av. Forest en el corazón del barrio de Chacarita en Bs. As.

Esta consistía en agregar una palabra en una frase que la distorsionaba totalmente.

Es increíble lo que lograba, simplemente el destinatario dejaba de prestar atención a la frase total y quedaba paralizada su mente, clavada en esa palabra y en total confusión.

Una de las palabras más usada que lograba esto, era ¨trabuli¨.

Después de varios, balbuceantes, ¨repetime no entiendo¨ y ¨tranquilizate¨ de la víctima, venía el remate de la situación con una aparente desesperación y hasta lágrimas del autor de la frase, por no ser entendido.

Y la desesperación del interpelado por no poder entender algo que parecía muy claro, pero su mente no podía procesar y a su vez lo paralizaba para tratar de aclarar el asunto.

Yo presencié las lágrimas desesperadas de una anciana por no poder entender lo que le decían, pese que era algo sencillo, y a su vez ver el sufrimiento (aparente) del joven que pedía ayuda cantándole una absurda historia de desencuentros.

Historia que ya no era escuchada por la mente de la víctima que quedaba atrapada en la palabra maldita, ¨trabuli¨

Cierta vez, un Sábado por la noche en el centro, en la calle de los cines en la vieja Buenos Aires, Lavalle, con un enorme gentío andando de aquí para allá, haciendo colas buscando entradas para las películas, ocurrió lo siguiente, aclaro que fue producto de una apuesta entre los muchachos del café:

Uno de ellos, estaba en una de esas largas colas ; Cuando le tocó el turno y llegó a la ventanilla enrejada donde las vendían, pidió las entradas agregando una aclaración, en esa aclaración estaba escondida la palabra maldita, ¨trabuli¨.

Pasaron muchos años y muchos detalles no los recuerdo, pero si que al final, el que vendía la entradas estaba agarrado a la ventanilla y con la oreja pegado a ella, tratando de entender y tranquilizar al comprador.

Estaba por empezar la película, y los de la cola pedían a los gritos que le dieran las entradas o lo que quisiera al muchacho, de una buena vez.

Me alejé porque no podía soportar la tensión del momento.

El muchacho en cuestión ganó la apuesta.

Y hubo muchas así.

A mi me gustaba entretenerme a veces con alguna viejita y preguntarle cosas que les costara responder.

Una tarde caminando por una calle donde había balcones, en uno de ellos, en un primer piso, había una Sra. mayor tomando fresco ; Le pregunté por una dirección, le dije que había llegado desde el interior a visitar a mis tíos, pero que estaba perdido.

Yo tendría unos 12 años, pero como era menudito pasaba por menos, sumale mi carita angelical, llena de pecas y el pelo con remolinos ; Era irresistible para  que cualquier mujer mayor no se desviviera para ayudarme.

Me preguntó si recordaba la dirección.

Le dije que no me acordaba bien el Nro, pero conocía la casa, era a media cuadra de Zabala y Tuston, esta última palabra pronunciada muy rápido y en forma poco clara.

Yo sabía que Zabala estaba cerca, pero Tuston no existía.

Empecé como a sollozar y le conté que nadie me entendía porque cada vez me ponía más nervioso y asustado y no pronunciaba bien.

La buena Sra. me tranquilizaba diciendo que conocía la calle Zabala, que no estaba muy lejos pero no conocía bien donde estaba la otra calle, pero que no sería lejos ; Repetime el nombre otra vez ; Eso fue una y otra vez.

La cosa terminó, cuando logré que la Sra. bajara y saliera a la calle a consolarme y yo salí corriendo.

Lector 1: Parece que siempre fue el mismo crápula.
Lector 2: Un enemigo público desde que nació.
Lector 3; El típico rebelde sin causa.

El autor: Solo un poco travieso. No quieran que les cuente historias de mi hermano más chico ; El si que era bravo.

¨rubenardosain.wordpress.com¨

 

 

 

 

 

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