Buscando mi lugar

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Era una tarde invernal que invitaba a caminetear reflexionando y con algo de ensueñamiento

Rubén pensó…¿donde ir?

Leyendo tantos cuentos, en los que a tanta gente le gusta dirigirse a un lugar muy lejano o al fin del mundo directamente, a buscar vaya uno a saber que, se le ocurrió que tal vez el también podría ir

Pero…, ¡¡que se yo!!, pensó, va haber tanta gente.

Además, ¿hacía donde ir?, ¿que tan lejos?

Pensó y pensó

Llegando a la siguiente conclusión:

En realidad el fin del mundo podría estar a la vuelta de la esquina, tan cerca que no valdría la pena ir, porqué además después que llegue, ¿que habría más allá?, sería la nada.

Estaba como al principio, volvió a reflexionar y se le ocurrió que tal vez fuera mejor ir hacía el principio del mundo, seguro que habría menos gente y sería mucho más lejos, le pareció fascinante la idea y comenzó a moverse.

Cuándo, ¡epa!, resultó que todas las personas venían en dirección contraria ; Voy a estar chocándome con todo el mundo pensó, sería un gran problema para él y los demás.

Otra vez estaba como al principio, reflexionó nuevamente y se dio cuenta que no, que no estaba como al principio, porque ahora sabía que el fin del mundo podía estar a la vuelta de la esquina y no parecía muy agradable ir ahí y al principio no podía volver.

Por lo tanto concluyó que el lugar donde estuviese, sería siempre el mejor lugar donde podría estar.

La tarde seguía bien y Rubén seguía pensando, mientra seguía con la mirada a una dulce ancianita que había tropezado con una piedra y estaba a las puteadas.

¿Porque tantos buscan el fin del mundo?, ¡pucha ! ¿por qué siempre estaré solo?, se preguntó ; Casi habló en un susurro, –en vez de tan solo pensar, lo estaría charlando con alguien, quizá tan curioso como él–.

Está claro, este es el mejor lugar para estar, pero si es así, ¿por qué tanta gente se abalanza hacía el fin del mundo?.

Nueva reflexión de nuestro personaje:

¡¡Claro!!, como el mundo está representado por una esfera, el principio y el fin se deben tocar y como no pueden retroceder, avanzan hacia no saben donde.

Entonces tal vez no sean necios o insatisfechos o curiosos, tal vez quieran volver al principio para reandar el camino y evitar tantos tropiezos o caminos mal elegidos.

Oh ..oh !, pensó sorprendido ; pero si evitan tropiezos y errores de caminos mal elegidos, tal vez todo cambie, tal vez este lugar ya no sería así y él no estaría allí disfrutando ese atardecer en la plaza.

Le siguió el enigma…, se enfrascó en más reflexiones…!!Claro!! exclamó … definitivamente la conclusión es: este es el mejor lugar y los errores de mi camino los debo corregir desde aquí, sin pretender cambiar los lugares y los caminos de otras personas.

Se levantó del banco de la plaza, puso sus manos en el bolsillo y se fue silbando bajito, como para no molestar a los pajaritos con sus trinos desafinados.

Siguió caminando con las manos en los bolsillos y dirigiéndose al otro extremo de la plaza donde aun llegaban unos pocos generosos rayos de sol.

Rubén se sentó otra vez y comenzó otra vez a reflexionar ; Estableció que este era el mejor lugar para el estar, estableció también que los errores en su camino los debe corregir desde aquí y ahora.

Todo estaba bien …pero….Rubén no estaba conforme, la curiosidad como al gato lo estaba matando

¿Porqué tanta gente marchaba como autómatas hacia el fin del mundo?

Se había cruzado con una mujer que creyó haber llegado al fin del mundo, hasta que le preguntó a un lugareño, si el lugar era el fin del mundo, para su sorpresa, el hombre le contestó que no, que el fin del mundo el creía que estaba en el otro extremo del mundo.

Totalmente sorprendida se quedó la buena mujer, pensando que de allí ella venía.

Rubén la dejó en sus cavilaciones y él siguió con las suyas.

Si el fin del mundo se confundía con el principio, cosa ya establecida, era probable que cualquier otro lugar que estuviera entre ambos también coincidiera con ellos para las distintas personas.

La orilla del fin del mundo, la orilla de comienzo del mundo y cualquier lugar intermedio, necesariamente debía estar en un solo punto, entonces tenía que ser donde uno estaba y cada uno podía decidir si era el fin del mundo o el comienzo o ninguno de los dos

Solo sería un lugar para estar, sin terminar, sin recién comenzar….

Después de este razonamiento Rubén quedó alelado, solo el poder de su voluntad era capaz de decidir si se termina, se comienza o se continúa.

Una alegría desbordante lo invadió, le quedó muy claro, él era dueño de su destino.

El Sol se había retirado y había sido reemplazado por un farolito de plata flotando en el oscuro cielo

Comenzó a hacer más frió y decidió ir a su solitaria pero tan acogedora casa, a continuar su vida como hasta ese momento, o decidir un nuevo destino.

Era libre y se sabía libre.

♣ Rubén Ardosain ♣ 

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Un comentario en “Buscando mi lugar

  1. Pingback: Mis números al 4 de enero del 2015 | Ruben Ardosain

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