Sobre el Juicio a Dios

Prólogo.

Estas reflexiones no están dirigidas tanto a los que no creen en su existencia, como un servidor, sino para los que dicen creer en el, también para Dios, en caso de existir claro.

En el caso de que escribir esto sea alguna especie de pecado (no soy experto en esas cosas), se pondrá a prueba entonces, como escribió hace muchos siglos un poeta persa, lo siguiente:

Veré si mi capacidad de pecar es mayor que la capacidad de Dios de perdonar.                                                                *

Según cuentan, Dios fue el creador de todas las cosas, incluso las milanesas y el chocolate.

Tendría el poder de hacer que pasen las cosas o de evitarlas.

¿Por qué Dios, elegiría una u otra forma?, es un misterio sin resolver ; como dicen los religiosos, misteriosos son los caminos del señor.

Pero debemos recordar que los que sufrimos esas decisiones somos nosotros.

Como también nos habría provisto de la capacidad para defendernos, no me parece mal hacerlo, incluso de él.

También pienso que ya estamos bastante creciditos para juzgar sus actos; ¿que hijo no lo ha hecho con su padre, de una u otra forma?.

¿De que cosa lo podríamos acusar?

¿Y bajo que tipo de código?

Mi propuesta es la siguiente: Bajo el código penal, y te diría que da lo mismo, el de casi cualquier país.

¿Bajo que cargos?

Abandono de persona.

¿A cuantos dejó abandonados, después de accidentes, de enfermedades, en estado de miseria total, torturas y cuantas atrocidades se nos puedan ocurrir?

Niños, mujeres hombres, buenos y malos, gente noble o abogados, a todos, absolutamente a todos.

Crímenes de lesa humanidad (imprescriptibles)

Plagas, algunas bien documentadas por sus seguidores inclusive, como las 7 plagas de Egipto, la gripe del chancho, o los peronistas, los Kirchner ; a estos los pongo aparte, porque nadie sabe bien a que clase de desgracia pertenecen.

Y por supuesto las infinitas guerras que hemos padecido.

Todo esto como para empezar.

Con seguridad necesitará un buen abogado, tan bueno, que el abogado del Diablo, no calificaría, no tendría los quilates necesarios.

Porqué en realidad el Diablo siempre tuvo aristas defendibles.

Acepto que testigos por la defensa no faltarían, alguien que ganó el bingo o uno que metió un penal, o uno que salio libre a la semana después de violar y matar ; en fin siempre habrá algún beneficiado por la justicia divina.

Por otra parte, según los textos religiosos, Dios es INMUTABLE, lo que esto significa, es que es inútil rogarle o pedirle cosas, o que las modifique de alguna manera.

Pedírselo a los santos y las vírgenes, sería igualmente inútil, ellos no podrían alterar la voluntad de Dios.

Si bien en general todos, cuando las papas queman, invocamos aquello de, ayúdame Dios mío y generalmente nada pasa, no sería algo achacable a Dios, sino a nosotros mismos, a nuestra pequeñez espiritual, a nuestra impotencia.

Aparentemente Dios habría creado las cosas, puso las reglas de juego y dijo: Bueno muchachos, salgan a la cancha y jueguen, las reglas son inmutables y parejas para todos.

Por tanto todas las calamidades que pasan y todas las bestialidades cometidas por lo seres humanos en general y por los religiosos en particular, no serían achacables directamente a Dios, aunque si en forma indirecta.

El juicio final del que hablan los textos religiosos, no será entonces el juicio a la humanidad, sino que será el juicio a Dios ; él estará sentado en el banquillo de los acusados.

Todos somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario, por tanto Dios también lo es por ahora.

***********************

Inicio del juicio 

La sala estaba colmada, si bien el juicio sería transmitido por televisión, muchas personas, tanto vivas como muertas quisieron presenciarlo en vivo.

Los miles de millones de habitantes del planeta, vivos o muertos, tendrán derecho al voto

Será por medios electrónicos, que se reflejaran en un gran panel que estaba detrás y arriba de los señores jueces, a su vez otros más pequeños, oficiaban como consolas de los mismos.

El Día del juicio final como era conocido por todos, fue largamente esperado por la humanidad.

Pero algo sucedió ; Según los textos bíblicos en el juicio final, la humanidad se presentaría ante el Dios supremo y sería juzgada.

Pero resultó que Dios fue puesto en el banquillo de los acusados y la humanidad su jurado.

El alto tribunal estaba conformado por 3 jueces, un fiscal, un abogado y el gran jurado compuesto por toda la humanidad, los vivos de esta generación y los muertos de todas las anteriores.

Todo esto sucedía varios años después.

Un preguntón desubicado; de los que nuca faltan, le pregunta al autor

–¿Después de que?–

El autor, mirándolo con fastidio responde, –me parece que esta muy claro, después de antes–.

El preguntón, se quedo reflexionando y poniéndose un tanto colorado respondió –

Disculpe no lo había pensado-.

*

La sala del juicio constaba de un gran estrado mirando al frente.

Aclaración del autor ; al frente de uno, porque los que estaban de costado opinaban diferente.

Coronado por tres escritorios de madera aglomerada, tres sillones estaban detrás.

Uno para cada uno de los jueces que aplicarían la sentencia que emanaría de la votación del gran jurado.

Cada juez representaba a un tipo de civilización.

La occidental,, del medio oriente y del lejano oriente.

Quien se ubicaba en el medio era el mas antiguo, un tal Salomón

Y por occidente, el juez argentino, Oyarbide.

Una aclaración sobre este juez ; los demás lo miraban con cierto recelo ; tenía fama de coimero y robarse cuanta cosa le quedaba a mano.

Justamente el juez Salomón lo miraba de reojo, porque le había desaparecido de su mesa hasta el vaso de agua.

Se corría la voz entre los presentes que se lo quiso apalabrar a Dios.

Y por ultimo el juez japonés.

¿Porque un japonés se preguntara ud?

–En realidad, no se porqué– contesta el autor.

No quedó registrado su nombre, pero todos lo conocían por el Ponja.

Sigamos

El abogado defensor era Cicerón y su ayudante, uno conocido como el gordo Pierri, afamado abogado argentino especializado en defender a cuanto perdulario apareciera.

Y el fiscal era un tal Judas.

Entre el público presente había corrillos y cuchicheos.

Varios ex enemigos se saludaban efusivamente al encontrarse, otros no tanto.

En un costado Julio Cesar le decía a Brutus, pudiste haber usado un cuchillo mas afilado, cortaba menos que los de las pizzerías.

Brutus, se disculpó por esto, comenzó a explicarle que el había comprado un cuchillo nuevo, carísimo, industria argentina ; me salió mas caro que uno alemán o japonés ; pero como decía calidad Premium……

Recién lo desenvolví al verte venir y ya estaba oxidado y en cuanto lo moví un poco, se le salieron los remaches del mango.

Pensé darte un sillazo ; pero me pareció que era irrespetuoso para con un Cesar.

Me imaginé a los libros de historia diciendo “a Cesar lo asesinaron de un sillazo”.

En otro lugar, a poca distancia del fiscal estaba Hitler conversando con Goering.

Le comentaba, menos mal que los campos de concentración los pusimos en Europa, mira si los poníamos en Argentina ; entre que no tienen gas y los corte de luz, hubiéramos tenido que matar a esa gente a sifonazos.

Varias filas detrás de ellos, un grupo de judíos hablaban entre ellos, cuando acertó a pasar un rabino por el lugar, uno de los judíos, un tal Samuel, al verlo se le acercó y le preguntó : ¿podemos matarlo a Hitler ahora?.

Sorprendido el rabino le contestó –pero compadre–  aclaración ; el autor no tiene la menor idea de cómo llaman los rabinos a sus feligreses –Hitler ya se murió–.

Si, lo sabemos contestó el otro, –pero igual queríamos matarlo varias veces más–.

Así entre una cosa y otra fue pasando el tiempo

Hasta que el juez Salomón golpeando con su puño sobre la mesa (le habían choreado el martillo), dio comienzo a la sesión.

El fiscal, el tal Judas llamo a su primer testigo.

Con potente voz dijo –llamo al estrado al Sr Diablo–.

Murmullos en la sala.

Se acerca el Diablo, con su capa, su galera y su tridente.

–Disculpe Sr. Diablo– le dijo el Ujier que lo conducía al estrado –¿como prefiere que lo llamen?–.

–En realidad–, contesto el diablo, –tengo varios nombres, pero pueden llamarme Satanás, me agrada–.

El ujier antes de tomarle el juramento de práctica le solicitó, si por favor podía dejar el tridente antes de subir a declarar ; a los jueces los pone nerviosos.

Ningún problema dijo Satanás, haciendo desaparecer el tridente con un ampuloso movimiento, que despertó la admiración de la sala.

Dios que estaba sentado al lado del abogado, le dio un codazo a este y le cuchicheo al oído –ese siempre igual, siempre con su ampulosidad mediática, tratando de que lo noten–.

El oficial de justicia se preparó a tomarle el juramento de práctica al Diablo.

Le preguntó sobre que prefería jurar ; a lo que el diablo eligió la guía telefónica.

–¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?–. Preguntó el oficial de justicia.

El Diablo lo miró y respondió –ni pienso–

A lo que el otro respondió –comprendo, no se preocupe–.

En tono conciliador porque para nada quería que el Diablo se chive con el.

El fiscal, con paso no tan firme, se le acerca a prudente distancia y mirando fijamente para cualquier lado, menos para el Diablo, le pregunta :

–¿Conoce ud al acusado?–

–Tal vez– respondió el diablo.

Y ante la mirada de sorpresa del fiscal ; continuó :

–En realidad vaya uno a saber si realmente conocemos a alguien–.

Múltiples cuchicheos en la sala, mostrando evidentes signos de aprobación por tan sabia respuesta.

El juez Salomón debió golpear enérgicamente su puño contra la áspera mesa solicitando silencio; mientras miraba de reojo al juez argentino dado que ya le dolía la mano.

Mientras tanto el Diablo continuaba respondiendo.

–Lo tengo visto desde antes que se le ocurriera crear al mundo–.

–Es mas, yo era uno de los que debía repetir todo el tiempo: Dios te amo, Dios eres el supremo y cosas así.

El asunto fue, que una vez me pudrí y le pedí cambiar de lugar un ratito.

Se puso como loco y me echó de ese lugar que el llamaba paraíso.

Así que me echó a la nada, un opio total.

No sabia que hacer, no había nada.

Ni siquiera un clavo para chupar, ¿que le hubiera costado?

No puedo decir que me echó a la calle, porque tampoco había calle.

Pero él también quedó un poco aburrido yo era el que le llevaba los chismes sobre los demás.

Así que decidió crear al mundo.

Jamás consultó a nadie, lo hizo según le pareció.

Imagínense que yo le hubiera sugerido ciertos cambios.

Pero debo reconocer -continuó el diablo- que de ahí en más mi vida cambió.

Y como el había prometido que no interferiría en la vida de los humanos, ya que las leyes y las reglas de juego le parecían que estaban suficientemente claras, dejó de meterse en el asunto–.

El Diablo estaba realmente contento declarando y muy comunicativo.

Se ve que le quedó algún entripado de vieja data y quería despacharse a gusto.

La audiencia estaba fascinada con el Diablo.

–Entre las reglas que puso Dios — continuó — estaban las que de cumplirse, permitirían alcanzar, lo que él llamaba El Paraíso.

En realidad era uno de esos buzones que te venden; como el de los tiempos compartidos.

Realmente todo eso fue para mi – prosiguió el diablo— lechuga para el canario.

Las reglas eran prácticamente incumplibles y encima los humanos las tomaron para el pitorreo.

Como esa de,: no desearas la mujer del prójimo.

Y a su vez hizo a la mujer del prójimo, más deseable que la propia.

Y otras tonterías semejantes.

Así que por fin pude comenzar a atraer acólitos, amigos y favorecedores.

Todo era meta palo y a la bolsa.

Y como no soy rencoroso, pese a la mala fama que me hizo, le ofrecí venir a trabajar conmigo, ya que se había quedado sin nada que hacer.

Aparte, que casi nadie aparecía por el paraíso y los pocos que aparecían eran truchos, argentinos que habían coimeado a otro argentino que trabajaba en el purgatorio–.

El Diablo, se había ganado a la audiencia sin duda.

Habían comenzado a parecer banderas con tridentes dibujados.

El juez argentino viendo como venia la mano, vislumbró un posible pingüe negocio.

Mirando a Dios, comenzó a frotarse el índice contra el pulgar, mientras levantaba las cejas.

Dios parecía realmente compungido, girando la cabeza le comentó a su abogado, –realmente los humanos son de lo pior–.

–Recuerdo que cuando creé a los argentinos, fue al final, me los había olvidado, estaba muy cansado y no se muy bien que cosas mezclé, pero solo me traen disgustos–.

–Los otros humanos a veces se arrepienten de sus macanas, pero los argentinos no y encima me cargan–.

El Diablo que escuchó estas últimas palabras de Dios, expresó en voz alta, aunque como para si mismo.–lo comprendo, yo les tengo prohibida la entrada al infierno–

–Los pocos que entraron al principio, me pudrieron todo, se choreaban hasta los reguladores de gas para los hornos y encima coimeaban a los verdugos y a los diablos de seguridad

tanto es así que cuando falté un tiempo, al regresar veo que los hornos no funcionaban y habían armado una timba y una milonga.

Piquetes por los pasillos que debían estar llenos de acido ; no había nada de nada ; nadie laburaba, los diablitos encargados de los latigazos fichaban y se las tomaban.

Piden prestado toda clase de cosas y no las devuelven más

Un sindicalista, un tal Moyano me quería convencer de que eran derechos adquiridos; y que si le conseguía para él un lugar climatizado, tranquilizaba a los muchachos–.

Detrás de un horno apagado, había un par de ex funcionarios del gobierno de Kirchner, gritaban, –¡¡no nos dejen afuera!!–.

–Un caos total.

Ni se imaginan la mala sangre que me hice.

Nunca mas dejo entrar a ninguno–.

La concurrencia que llenaba la sala estaba moqueando de la emoción.

El Diablo estaba hecho una piltrafa en el estrado, había perdido la compostura, se levantó de pronto y comenzó a gritar

–¡¡¡UN FIERRO, DENME UN FIERRO QUE LOS MATO, UN FIERRO POR AMOR DE DIOS– repetía una y otra vez.

Bañado en lagrimas balbuceaba, –una vida deslomándome para tener un infierno digno y ahora está lleno de ocupas, que quieren que los mantenga–.

–Dios mío, ayúdame– repetía sin cesar.

–Vos los creaste, haber si encontramos alguna forma de deshacernos de ellos–.

Dios estaba colorado como un tomate.

Su abogado le reprochaba la cosa –¿como se le ocurrió?–

En las filas de adelante que estaban reservadas originalmente para una delegación de las carmelitas descalzas; se había aposentado la barra brava de los argentinos capitaneada por uno de la Cámpora, un tal Cuervo Larroque

Tenían dos banderas, una decía, Viva Dios y otra que decía Viva el Diablo.

Sacaban una u otra dependiendo de la marcha del juicio.

El abogado defensor no decía ni pío.

El Diablo había prendido el ventilador y se había ganado a la audiencia.

El abogado por la defensa, solo quería que se vaya de una buena vez..

Mientras seguían desfilando testigos de la fiscalía, el abogado seguía concentrado en sus pensamientos.

Pensaba que la defensa de Dios para los cargos generales que se le imputaban, contaba con buenos elementos para contrarrestarlos y que los cargos podían ser rechazados con buenas probabilidades de éxito.

Porque en definitiva Dios había creado al mundo con muy razonables reglas y estas reglas eran inmutables e iguales para todos.

Mas justo que eso no se concibe en verdad.

Lo que los humanos hubieran hecho después con eso, era cosa de ellos.

Pero el tema pasaba por otro lado, lo que complicaba todo y era casi indefendible era el tema de los argentinos.

Recordaba a Dios hace unos momentos, cuando escuchaba las desgracias del diablo al respecto, Dios repetía una y otra vez, –Yo mío, yo mío, ¿como pude hacer semejante cosa?–.

La cosa parecía insoluble.

Dios no aceptaría un argentino más en el paraíso ni envuelto para regalo.

Y el diablo, preferiría hacerse bueno antes que permitir el ingreso de un argentino al infierno.

Es mas, el solo nombrarlos en su presencia le producía ataques de pánico.                                                                       *

El abogado continuaba reflexionando.

Realmente Dios era un ser bondadoso según el creía, y pensaba que a cualquiera se le escapa un tiro por la culata ; claro que más que un tiro, en este caso , a Dios se le había escapado un cañonazo.

El abogado tomo una decisión, pediría un receso y el desdoblamiento de los cargos.

Dos juicios pediría.

Uno, el juicio de la humanidad en general vs. Dios. Este tenia esperanzas de ganarlo.

El otro sería la acusación contra Dios por haber creado a los argentinos. Este último no tenía muchas esperanzas de que la cosa salga bien para su defendido.

Los argentinos eran una pesadilla de lo peor, eran impresentables los mires por donde los mires.

El abogado se levantó y solicitó el receso por unos minutos.

El juez Salomón aceptó inmediatamente, dado que estaba parado siguiendo el juicio ; se había levantado un momento y le habían choreado la silla

Miró primero al juez japonés, estaba sentado de la misma manera que cuando empezaron y con la misma cara.

Con sus ojos oblicuos y que parecían cerrados, incluso sospechó que estaba durmiendo.

Aclaración del autor: El japonés había estado toda la noche anterior, meta y ponga dándole al Sake y ahora se estaba mandando un apoliyo de órdago,

Le importaba un carajo el asunto del juicio.

Se volvió Salomón y miró al Juez argentino de reojo y vio que estaba cómodamente sentado de espaldas a la sala y con los pies sobre otra silla, sospechosamente parecida a la suya.

Fumaba placidamente un habano, echando las volutas de humo sobre un cartel a su costado que indicaba, ¨Prohibido Fumar¨.

El amable lector comprenderá entonces, porqué Salomón aceptó inmediatamente el receso.

En cuanto a Judas el fiscal, también estaba acuerdo, estaba podrido de escuchar tantas desgracias y pensaba, algo habrán hecho.

‘*

El abogado aprovechando el momento, se lo llevó al juez argentino a un costado y le explicó su idea de desdoblar el juicio, pidiéndole su ayuda para lograrlo.

El juez lo miró unos momentos y después comenzó a mover la cabeza en forma dubitativa diciendo, –sabe como son estas cosas, me gustaría ayudarlo pero es muy complicado, hay gente muy importante en el caso–.

Como el abogado ya estaba comenzando a conocer bien a los argentinos, bajando la voz le dijo al juez –¿no se podrá arreglar esto de alguna manera?, nos sentiríamos muy agradecidos…

–Ud sabe dijo el juez , hay mucha gente que convencer… eso no es barato….

Claro que voluntad no me falta…… Dios me cae muy bien–.

–¿Como lo arreglamos entonces?– preguntó el abogado.

Solamente quiero que todos los litigios por la herencia de los millonarios, pasen por mi juzgado.

Así lo prometió el abogado. Aunque a decir verdad no sabia como presentarle el tema a Dios.

Cumplió el juez argentino en presentarle el asunto al Juez Salomón ; explicándole que sería un acto de justicia.

Salomón, que claramente no le creía, giró para conocer la opinión del japonés, el cual basta con que lo dejaran seguir durmiendo, parecía estar de acuerdo con todo.                                                                   *

Los alegatos. (Continuará , o no)

Rubén Ardosain

 

Un comentario en “Sobre el Juicio a Dios

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