Sobre el postmortem de Quevedo.

Esta es una historia de horror, las personas impresionables debieran abstenerse de leerla

Probablemente sea la mejor y más truculenta historia de terror y a su vez de heroísmo, jamás contada

Está narrada con mejor estilo que el de H.P. Lovecraft ; no es una historia de terror sobrenatural ni de satanismo ; es una historia de terror materialista

La historia de un muerto, narrada por el mismo….

**

Cuando el comandante Quevedo abrió los ojos ; pensó que estaba ciego, no veía absolutamente nada ; pero de a poco se convenció que era porque estaba todo oscuro, pero muy oscuro…

Se comenzó a tantear con las manos hasta donde pudo y se convenció que estaba entero, no sentía ningún dolor, pero el olor reinante era muy desagradable

Pudo mover un poco los pies, cosa que lo tranquilizó un poco más

Comenzó a recordar que había pasado ; se había sentido muy mal después comer una de las llamadas ¨Milanesas para todos¨ , acompañadas de ¨papas para todos¨, las de 1,40 $ el kilo y coronadas con¨lechuga para todos¨, la de 2,99 $ el kilo¨

Todas las cosas promovidas por Cristina

Se acostó y llamó a un médico del hospital Austral, uno de los que le diagnosticaron el cáncer a la Cristina

Eso fue lo último que recordaba

Tanteo a su alrededor y se dio cuenta que estaba dentro de un ataúd y que no podía levantar la tapa

¡¡¡Lo habían enterrado vivo!!!

Luchó por tranquilizarse y retomar el control de la situación ; comenzó a buscar entre sus ropas algo que pudiera servirle de ayuda

Sintió algo duro, y lleno de esperanzas lo sacó y comprobó tocándolo con las manos que era su celular

Casi sonrió, podría llamar para que lo vengan a rescatar

¡¡Gracias, gracias señores dioses por habernos dado el celular!! ; su mente era un torbellino de espiritualidad y devoción religiosa

Pensó, ¿A quien llamo?

Al 911, por supuesto, por suerte había buena señal

Marcó el 911 y después de un rato, escuchó a alguien que con la boca llena y masticando le dijo algo que no entendió muy bien

Es para reportar un muerto –dijo Quevedo–

Del otro lado escuchó que tragaban lo que estaban masticando y le preguntaron:

¿Quien es el muerto?

Yo, –contestó Quevedo–

–Porqué no te vas al carajo — respondieron del otro lado

¿Pero que te pasa a idiota?, — dijo Quevedo–, pero era inútil, le habían colgado

Buscó otro número en su agenda y encontró el número de defensa civil y lo marcó

Pero está vez iba a ser mucho mas cuidadoso con lo que decía

–Aquí defensa civil, ¿quien habla, en que puedo servirle?–

–Aquí el finado Quevedo–

–Pero porqué no te vas al carajo infeliz– escuchó del otro lado

¿Pero que te pasa a idiota?, — dijo Quevedo–, pero era inútil, le habían colgado

Buscó otro número en la agenda, el de la municipalidad, era un 0800 y lo marcó

Después de esperar largo rato que atendiera alguien, al fin lo atendió una máquina ;

Telecom le informa, que el número solicitado no corresponde a un abonado en servicio

Quevedo se iba poniendo cada vez mas nervioso, notaba que estaba comenzando a transpirar

Buscó otro número en la agenda ; Ayuda al suicida ; lo marcó

;Una voz femenina contestó

–Aquí ayuda al suicida, ¿que problema tiene, quiere suicidarse?

–Todo lo contrario– dijo Quevedo

–Hace bien, la gente no sabe lo peligroso que es intentar suicidarse– dijo la voz al otro lado

¿Y porque no quiere suicidarse?– continuó diciendo la mujer–

–Porqué ya estoy muerto– dijo Quevedo, mas esperanzado porque no le habían colgado todavía

–Porqué no te vas al carajo imbecil– escuchó de esa dulce voz femenina

–¿Pero que te pasa a idiota?, — dijo Quevedo, pero era inútil, le habían colgado

Quevedo quedó anonadado, resultó verdad aquello de la incomprensión del mundo

Nadie escucha a nadie, todos viven encerrados en su concha ; estamos solos pensó

Se iba quedando sin batería, buscó otra vez en la agenda de teléfonos útiles

Encontró el último, la parroquia del Carmen ; lo marcó

Escuchó sonar el teléfono

Alguien atendió

–Aquí la sucursal del cielo– sonó muy dulce y comprensiva la voz

–Por favor no me corte– pidió Quevedo

-No hijo, claro que no haré tal cosa– contesto una amable y dulce voz al otro lado del teléfono

–¿Es por una donación–

–No padre– dijo Quevedo

–¿Y que querés entonces?–, la voz ya no era tan dulce

–Ayuda padre, para mi cuerpo– lloriqueó Quevedo

–Aquí solo damos consuelo al alma– la voz del otro lado, se hizo metálica –

–Vea Padre, no se donde andará mi alma, pero mi cuerpo esta aquí enterrado–

Quevedo no llegó a terminar la frase….

–Pero porqué no te vas al carajo infeliz– escuchó del otro lado

Y antes que colgaran, volvió a escuchar a través del auricular, –¿Quién era Sr Obispo?–

–Un pelotudo, al que enterraron y no quería donar nada–

Quevedo se quedó sin fe y desesperado se puso a cantar unos versos del tío de Rubén, su amigo :

Cuando la suerte qu’es grela
fayando y fayando
te largue parao…
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao…
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol…

Verás que todo es mentira
verás que nada es amor
que al mundo nada le importa
yira… yira…

Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.

Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao…
cuando te dejen tirao,
después de cinchar,
lo mismo que a mí…
cuando manyés que a tu lado
se prueban las pilchas
que vas a dejar…
te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar.

Al fin Quevedo se quedó sin batería en el ya inútil celular y empezó a vislumbrar el fin

¡¡De pronto!! , escuchó ruidos arriba, parecían golpes y unos momentos después levantaron la tapa del féretro

Una luz cegó los ojos de Quevedo y escuchó una voz que decía ;–nos equivocamos de muerto ; este parece un pobre infeliz, de aquí no podremos robar nada–

Quevedo, reacciono rápidamente, producto de un largo entrenamiento para superar situaciones difíciles y dijo:

–Soy el muerto Quevedo–

Se hizo un silencio opresivo…. Y de pronto un alarido

¡¡¡Rajemos de aquí, es cosa de mandinga!!! ; ¡¡¡Ave María Purísima!!!

Quevedo entonces se levantó tranquilamente y comentó en voz alta, mientras salía de la tumba :

¿Cómo puede haber gente tan ignorante?

♣ Rubén Ardosain ♣

Un comentario en “Sobre el postmortem de Quevedo.

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